Cuenta la tradición que un “bushi” experto en las escuelas Tenshin Shoden Katori Shinto Ryu y Kashima Shin Ryu, llamado Muso Gonnosuke Katsuyoshi, originó el arte del jojutsu sintetizando en un bastón de 128 cm. técnicas de lanza, naginata y espada. Esto ocurría en los albores del siglo XVII, hace unos 400 años.
Gonnosuke fue contratado como instructor por el clan Kuroda de Kyushu que mantuvo celosamente el arte como secreto del clan durante más de 200 años, concretamente hasta después de la Restauración Meiji en 1871, cuando se dio permiso para enseñar jojutsu fuera de los dominios del clan.

A principios de 1900 comienza la enseñanza del jojutsu en Tokyo a través de Uchida Ryogoro y en 1927 Shimizu Takaji llega a Tokyo para expandir el arte mientras que Otofuji Ichizô permanece en Kyushu. Es de éste último del cual procede el linaje de Kai Kuniyuki sensei, alumno directo de Shiokawa Hosho sensei.
A las 16 h. comienza el estudio de esta tradición bajo la dirección de Kai sensei, 9º Dan “Hanshi” de Shindo Muso Ryu Jodo y la supervisión de Pere Soler sensei, 3er Dan.
Durante las tres horas de curso se estudian los 12 kata de la serie OMOTE:
- Tachiotoshi
- Tsubawari
- Tsukizue
- Hissage
- Sakan
- Ukan
- Kasumi
- Monomi
- Kasanoshita
- Ichirei
- Neyanouchi
- Hosomichi
Todos ellos se trabajan primero individualmente y luego por parejas. Tengo la suerte de tener como “pareja de baile” a Carmelo Echarri, delegado de Seibukan-España en Zaragoza y con quien ya hace algunos años habíamos coincidido en cursos de Z.N.K.R. Jodo lo cual, de forma inevitable, nos lleva a comparar las dos formas de Jodo mientras comprobamos la dificultad del arte intentando aplicar correctamente las técnicas mostradas.

Es destacable la atención que dedica Kai sensei a cada participante así como la asistencia constante de Pere Soler quien se desplaza sin parar por el tatami corrigiendo, demostrando, explicando y actuando como Uchidachi y Shidachi con Sensei cuando este lo solicita.
Desde las colindantes mesas dedicadas al curso de Ikebana que dirige Kai Yasuko sensei las miradas de los participantes se suceden una y otra vez hacia el tatami motivadas por los intensos “kiai” y el constante choque de los jô contra los bokutô de roble. Sin lugar a dudas, para ellos en su mayoría ajenos al Budo, el espectáculo que les ofrecemos es extraño, exótico y excitante, despertándoles por lo tanto una evidente curiosidad.
El curso termina en lo que han parecido treinta minutos en lugar de tres largas e intensas horas de aprendizaje que han pasado como un suspiro. Recogemos bokutô, Shotô y Jô y saludamos con entusiasmo por haber tenido la oportunidad de haber sido instruidos por Kai sensei en esta antigua tradición de Kyushu originada gracias al consejo de un niño aparecido durante un sueño en el santuario Kamado sobre el monte Hooman hace 400 años
Autor: Víctor Herrero